viernes, 11 de septiembre de 2015

“Fui el primer presidente no universitario y el que más universidades construyó”, dijo Lula, quien defendió a la Argentina, y cuestionó a Griesa y el ajuste fiscal europeo.
"Los pobres no tienen sindicatos. No tienen dinero para poder protestar. Para ellos el Estado tiene que gobernar”
, señaló ayer el ex presidente de Brasil, Lula Da Silva, en la apertura del Tercer Congreso Internacional de Responsabilidad Social. Detrás de la frase hay un concepto fuerte: la denominada agenda política se construye con las reivindicaciones de los sectores que están relativamente mejor parados. Lula además criticó el accionar del juez Thomas Griesa y la política de ajuste fiscal de los países europeos y enfatizó la necesidad de que Argentina y Brasil acuerden una visión de largo plazo.
Lula es extraordinario no sólo por los derechos que restituyó al pueblo brasileño durante sus dos mandatos (2002-2006 y 2006-2010), sino porque fue el único presidente de origen plebeyo en ese país. Madre analfabeta, niño pobre, trabajador metalúrgico, líder sindical, constructor de una alternativa al neoliberalismo (como definió Emir Sader en la edición de ayer de este diario), presidente y figura regional y global. El propio Lula suele conectar su pasado con el carácter del gobierno que encabezó. “Fui el primer presidente no universitario, y el que más universidades construyó.” “Yo conozco lo que significa un poco de dinero en manos de alguien que nunca lo tuvo, los que nos critican no tienen idea.” “Apenas asumí, mi primera medida fue llevar a todos los ministros a las zonas más pobres del país, para que vean para quienes íbamos a gobernar”, dijo ayer.
Su discurso emocionante y sincero sobre la desigualdad (y sus políticas fundantes en materia social) se completan con una visión económica que la heterodoxia local califica de “tradicional”. Por eso al comienzo de su intervención Lula habló de la importancia de la “previsibilidad, la credibilidad y la confianza”, conceptos más ligados a los economistas del establishment. De hecho, Lula justifica los recortes fiscales que el gobierno de Dilma Rousseff aplica en Brasil. En estos días turbulentos en el país vecino, la consigna del Partido de los Trabajadores (PT) es que los recortes fiscales son necesarios, y que es mejor que los haga un gobierno popular en lugar de la derecha. Lula también critica con vehemencia el ajuste de Europa. “No me agrada el ajuste con corte de salarios y caída de empleo, el ajuste trae empobrecimiento. Todos los que supuestamente tenían las soluciones para nosotros no consiguieron resolver su crisis después de siete años. En todos lados el ajuste agrandó la deuda pública de los países. Europa tercerizó su política, tienen una ausencia total de liderazgos”, dijo. Criticó además el libre comercio que plantean las potencias porque “es sólo para vendernos, no para comprarnos bienes.”
El ex mandatario defendió la integración “real”. “En 1930, Argentina era una de las principales economías del mundo. La capital de Brasil se confundía con Buenos Aires. Creo que en Brasil los militares tuvieron criterio más industrialista. Por eso yo comprendía la necesidad argentina de reindustrializarse. La relación entre Argentina y Brasil nunca fue tan sólida como cuando estábamos Néstor Kirchner y yo”, señaló Lula. “Tal vez sea el momento de que los dos países nos sentemos juntos, tranquilos, sin el ruido de fondo de los empresarios que piden por esto o lo otro. Que pensemos qué nos falta hacer, qué queremos para los próximos diez años. Tenemos que dejar las pequeñeces de lado, porque China no va a seguir creciendo como hasta ahora ni va a continuar comprando soja a este ritmo. Todavía hay mucha desconfianza entre nosotros”, agregó.
Lula también apoyó la postura argentina en la principal batalla que el país libra en política internacional. “¿Cómo puede ser que un juez norteamericano decida acerca del destino de millones de argentinos?”, cuestionó Lula a Thomas Griesa, quien dio lugar (con el aval de la Corte Suprema de los Estados Unidos) al reclamo de los fondos buitre, en una decisión que acarreó dificultades económicas para la economía nacional.
El brasileño recordó además algunos datos que pintan su gobierno. “40 millones de personas pudieron acceder a la clase media y 70 millones empezaron a formar parte del sistema bancario. Aumentamos el peso de los créditos sobre el PIB del 24 al 56 por ciento. En cien años se crearon 140 escuelas técnicas, nosotros hicimos 455. En doce años entraron más negros a la universidad que en 500 años de historia del Brasil”, cerró Lula.

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