lunes, 14 de marzo de 2016

Ayer se cumplieron sólo seis meses de la histórica resolución de la ONU que aceptaba la propuesta de la república soberana Argentina para limitar el accionar de los fondos buitre y garantizar un sistema legal global para los procesos de reestructuraciones de deuda soberanas.

La Asamblea General de las Naciones Unidas determinaba, entonces, como antecedente el accionar de nuestro país en la reestructuración de deuda que ponía freno a las especulaciones de los fondos financieros que se dedican a la compra por centavos de bonos para luego presionar a los deudores con montos exorbitantes.
La histórica votación contó con 136 votos a favor, 6 en contra y 41 abstenciones
“Es una resolución a favor de la estabilidad económica. Es una forma de ponerle límites a los piratas del siglo XXI que son los fondos buitre”, había dicho el entonces canciller Héctor Timerman ante la Asamblea. Por su parte el canciller boliviano resaltaba que “Cristina Kirchner tuvo la valentía de enfrentar a los fondos buitres”.
Los países que contienen a estos especuladores usurarios fueron quienes, lógicamente votaron en contra: Alemania, Canadá, Israel, Japón, Gran Bretaña y Estados Unidos, pero no les alcanzó en ese momento para torcer la voluntad de las mayorías de países emergentes víctimas del rapiñaje.
Bueno es recordar estos dictámenes históricos y precedentes en una lucha planteada como desigual, para entender que ahora nos encontramos nuevamente frente a una actitud genuflexa del nuevo gobierno ante los poderes centrales financieros.
Porque “ir ante Griessa y hacer lo que él dice” implica una deuda que conlleva, desempleo, ajustes, devaluación y la consiguiente precarización laboral, pobreza, indigencia y desnutrición infantil en una historia que se repite a sabiendas.
Del mismo modo, que hoy, organismos sociales internacionales reclaman la actitud de nuestro país, porque en esta cruzada a favor de quienes nos rapiñan, arrastramos a todos los estados que tomaban como antecedente y ejemplo la actitud soberana de una Argentina diferente.
Ahora sí, estamos fuera del mundo, la lluvia de dólares del mercado internacional transmuta en sequía, no existe ningún shock de confianza con una nación descalabrada, y los otrora estados amigos, hoy nos miran como los viles traidores.

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