miércoles, 23 de marzo de 2016

Los hijos de en política que arriban a puestos del Estado o a candidaturas fundamentales de representación en la democracia sin un sostén doctrinario, puede no ser objeto de acusación legal.

Todo habitante del suelo argentino tiene derecho al trabajo y a postularse para los cargos públicos y más si son de representatividad del pueblo.
Pero ese hecho no invalida la sanción ética y la demanda del ejemplo ciudadano hacia los políticos que toman esta actividad tan sagrada en su significación, como una mera guarida de chacales. Más cuando esos puestos funcionan como operadores del incremento del patrimonio personal con las empresas de la ciudadanía que privatizaron casi ilegalmente.
La política es la real discusión sobre la distribución del poder en la sociedad, que indican como se distribuirán los aparatos productivos, sus rentas, la capacidad decisoria de los ciudadanos, el derecho al acceso a todas las herramientas que eleven su calidad de vida.
Para eso hay que situarse en una doctrina, sostener una idea, algo que el discurso antipolítico que esgrimen estos mismos acomodaticios, quieren imponer. Porque es sabido que una sociedad despolitizada queda como presa inerte de las aves de rapiñas poderosas que todo acaparan.
Así, Romero es peronista, pero pro, conservador y popular, como los que le siguen a cada paso de los caminos políticos. Cambian de espacio con el objetivo de cuidar sus empresas arrebatadas al estado.
Son hasta capaces de derogar leyes que ellos mismos aprobaron. Son vergonzosos e impunes.
Los hijos, además de ocupar lugares para los que no demuestran capacidad alguna, ni incumbencias acordes solo se ubican para perpetuar el cuidado del patrimonio.
Entonces los Romero hijos, los Godoy hijos, la Isa hija, la Kosiner hija solo son vástagos reproductores de las malas prácticas de sus predecesores.
Si algo en la herencia tienen arraigado como cromosoma del ADN es la capacidad de augurarse un futuro próspero propio a costa de un presente y horizonte aciago, empobrecido, discriminado de aquellos que dicen representar.
Así es que hoy presenciamos como Evita, que nombre más simbólico y mancillado en este caso, Isa es capaz de erigirse en representante de los ciudadanos de la provincia, haciendo hincapié en los más jóvenes como bastión de campaña, usar las banderas del peronsimo keynesiano para ir a votar la entrega vil a costa de unas monedas, a los usureros del mundo destrozando toda independencia económica y por ende la consecuente justicia social.
Le siguen en saga todos los otros y otras hijas de, que buscan emular a sus padres, los que nunca se cansan de ser circulares en las esferas elitistas del poder para quedarse con las empresas de servicios más importantes como la luz, el agua, el gas y las finanzas bancarias.
Sus hijos, fieles custodios intentarán impedir que nadie les saque esos negocios mal habidos a costa del empobrecimiento del pueblo al que le robó sus recursos.
De nosotros dependerá que el nepotismo y la corruptela familiar tengan un final pronto, para la felicidad del pueblo y la grandeza de Salta.
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