jueves, 21 de abril de 2016

En política se dice que el "aquel enoja siempre pierde".
En los que practican la actividad de discutir las bases doctrinarias y económicas de las ideas, suele cumplirse ese mandato. Evitan demostrar y expresar enojo ante el reclamo de alguien, sobre todo si ese alguien es parte de la ciudadanía.

De todas formas, buscan incorporar a sus filas a los descontentos y como Jesús, que fue otro gran político, quieren en el rebaño con más ahínco a los descarriados.
Cuando estos parámetros básicos de la política no se cumplen, entonces significa que el político no tiene destrezas en el arte, menos si de quien se trata es un funcionario o peor aún, alguien que representa el ejecutivo.
Urtubey desconoce que cumple la función de administrar los recursos de una provincia por mandato popular, y que tiene la obligación de responder por sus acciones ante él, lo que incluye la respuesta permanente a los reclamos y demandas.
Como un joven actor de la política, usa twitter y Facebook de modo asiduo, pero a la inversa que la mayoría de los políticos de trayectoria, el mandatario salteño se enoja de modo inmediato si alguien le recuerda que en Salta la pobreza y el dengue son problemas sin voluntad de resolución alguna.
Nada puede decírsele como chico caprichoso o faraón entumecido, porque todo es objeto de bloqueo y nunca de respuesta.
Siente, que posee prerrogativas de sangre y nacimiento y que gobierna como su antecesor, por imperio del poder divino, no son gobernantes democráticos, son reyes absolutistas.
Olvida Urtubey, que las redes sociales no se acallan con los bloqueos, él podrá ir tapando con los dedos lo que no le gusta leer como interpelación de sus ciudadanos, pero la viralización de la información se le escapa de sus manitos.
Así, el hombre que comulga cada domingo, hoy se ve envuelto en un nuevo escándalo que desnuda como desprecia a los habitantes de nuestra provincia que no provienen del linaje al cual él pertenece.
Y a esos datos no los puede bloquear porque la noticia ya tiene impacto internacional, el no pago a la empleada doméstica no solo demuestra como el gobernador local enamorado, irrespeta las leyes siendo abogado y funcionario público, sino en qué grado los trabajadores le resultamos objetos descartables.
Para el bloqueador de redes sociales, una mujer trabajadora doméstica no es una persona sujeto de derechos, sino una sirvienta destinada a la esclavitud.
El pueblo, en algún momento demanda las obras incumplidas a sus representantes, y también condena las hipocresías, aunque uses el bloqueo para no dar ninguna respuesta. Te enojaste, cuidado con perder.

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