viernes, 15 de abril de 2016

El gobernador local aspiraba a tener su tercer mandato en nuestra provincia con la intención de proyectarse nacionalmente para ser presidenciable.

A partir de ese doble objetivo, sus asesores, acelerados, pergeñaron una estrategia que estableciera las metas a posicionarse en ambos lugares.
Y dice el refrán popular que el que mucho abarca, poco aprieta. Pero olvida ese refrán, que él aprieta de muy mala manera, ni siquiera llega a poco.
Para llegar a ser conocido se les ocurrió ya la perimida idea de unirse a la farándula, para ocupar las tapas de revistas de poca monta intelectual y muchas fotos de fiestas.
Sin detenerse a evaluar, que esa táctica solo lo hace mediático, y que ser mediático para las personas que son pensantes, no es un valor reconocido. Lástima que sus asesores y el gobernador mismo creen que pueden seguirlo por las novelas.
En ese raid de medios del espectáculo de poca monta, buscó una novia que surgió sospechosamente de pronto y que hoy no aparece en la producción ficcional, una coprotagonista de ciertos programas que no pudo saltar a los primeros planos.
Pero la novia no le alcanzó, entonces se presentaba ante cada micrófono volando para denostar a la ex presidenta quien lo hizo ganar en la provincia, en igual medida se oponía al movimiento que hasta hoy la acompaña y se convirtió en el edecán voluntario de Macri.
Sin siquiera recibir favores a cambio, el actual presidente le agradece que oficie de vocero aún sin habérselo solicitado, siempre y cuando se acomode al trato que les dispensa a todos los gobernadores, mucho de los cuales no le rinden pleitesía y ni siquiera lo toleran. O sea, con su actitud indigna de cualquier mandatario, no logró nada para nuestro territorio.
Y en este sentido, nuestra provincia sufre de todos los males y en magnitud. La primera en femicidios, en infectados por dengue, con enfermos por chikungunya, en desnutrición infantil, en desempleo in crescendo.
Entre Urtubey y Romero, su socio, hicieron de Salta el reducto concentrado de la pobreza, la miseria, la discriminación y el enriquecimiento de sus amigos que al igual que ellos se ponen el poncho salteño y se suben al caballo como señal de identidad.
Pero como el acompañamiento de un pueblo no se compra, ni se obliga, el gobernador local se enoja por las “hinchadas” que acompañan a la ex presidenta, porque él sabe que jamás tendrá ni una barra brava pagada defendiendo su perfil flaco.
Él sabe que la soledad ha llegado para instalarse para siempre, ni en la nación, ni en la provincia su estampa es elogiada. Y también sabe que la soledad, desespera.
vernoticias.com.ar


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