lunes, 1 de mayo de 2017

En el año 1986, Juan Carlos Romero llegó al Partido Justicialista de la mano de su padre, para ser Senador Nacional por Salta. Posteriormente sería Gobernador y presidente del Partido.


Como presidente del PJ fue despreciando a los viejos dirigentes y los reemplazó por independientes apolíticos llamados en esa época Golden Boys, son los que gobiernan la provincia desde hace más de 20 años hasta hoy.

El Partido Justicialista se transformó con Romero en una Sociedad Anónima, dedicada a los negocios de su cúpula empresarial, más tarde en una fundación y hoy sirve solamente para la realización de cumpleaños y clases de tejido a mano.

Roberto Romero había pertenecido a la Unión Cívica Radical Intransigente y su hijo era lógicamente filo radical, eso le permitió infiltrar en los lugares de conducción del Partido Radical a sus propios eunucos. El radical Nanni es diputado nacional de Romero y Macri.

Juan Carlos acordó su salida del PJ y formó otros partidos dividiendo al Peronismo, intervino al Frente Grande y colocó un cepo a la democracia salteña, los otros partidos incluido el Renovador ya le pertenecían. El propósito es impedir la expresión política del pueblo y garantizarse la continuidad en el poder, solo para defender lo robado durante las privatizaciones.

Al megafrente constituido hoy solo le falta el Partido del Kirchnerismo, el Partido de la Victoria. Si el congreso del próximo 11 de mayo resuelve salir solo, el candidato que jugará a menos será Vilariño y los intendentes, diputados y concejales jugarán para el frente oficialista de Romero y Macri.

El objetivo de Romero es anular al Partido de la Victoria y desdibujar la imagen de su indiscutible conductora, Cristina Fernández de Kirchner, de esta manera arrastrar el voto popular hacia sus candidatos Macristas, que luego serán ofrendados al Presidente de la Nación.

El Partido de la Victoria alberga a miles de compañeros peronistas que fuimos expulsados durante y después de la gestión de Romero. La idea es obligarnos a votar por lo que no queremos, banalizando la política.

Es totalmente comprensible que los intendentes y autoridades electas del Partido de la Victoria no quieran enfrentarse con el gobernador, todos sabemos que serían castigados severamente en términos económicos, lo mejor sería que ellos se vayan al frente oficialista y dejaran que nosotros nos arreglemos con el Partido de la Victoria.

El Partido de la Victoria no es propiedad de ningún dirigente, es propiedad indiscutible de todo el pueblo peronista, los antiperonistas son dueños de todos los otros partidos, solo pedimos un mínimo de grandeza, que no le hagan trampas a la democracia, que renuncien y se vayan.

La renuncia de dos tipos es mucho más honorable que la traición que están pergeñando, el precio que deberán pagar por el engaño no tendrá límites y mandarnos Reyes con amenazas no nos intimida.

El pueblo espera sus respuestas.
                                                                                                                                                                                                                      Víctor Elías

0 comentarios:

Publicar un comentario

Comente Libremente, Sin agresiones y cuidando su vocabulario, este sitio no se hace responsable de los comentarios que realizan los lectores